La fórmula de Euler para poliedros, V − A + C = 2, es un resultado emblemático que enlaza la geometría clásica con la topología moderna. En este artículo, se revisa el contexto histórico en el que Euler enunció su teorema, se presenta su demostración original junto con las dificultades que planteaba y se comentan algunas pruebas posteriores. Además, se expone la generalización de la fórmula a superficies de mayor complejidad y a variedades de dimensión superior, destacando su conexión con la característica de Euler-Poincaré. Finalmente, se mencionan aplicaciones actuales que muestran cómo una identidad combinatoria sencilla se ha convertido en un invariante estructural de gran relevancia
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