, Antonio Moreno Muñoz (dir. tes.) 
, Isabel maría Moreno García (secret.)
, Cristina Fernández (voc.) 
En las últimas décadas, la Unión Europea ha realizado esfuerzos decisivos para mantener su liderazgo mundial en energías renovables con el fin de cumplir los objetivos de cambio climático resultantes de los acuerdos internacionales [1]. Hay una intención deliberada de reducir el uso de fuentes de energía no renovable y promover la explotación de la generación renovable a todos los niveles, como demuestran los datos de producción de energía en la eurozona. El sector de la electricidad ilustra un caso de éxito de estas políticas energéticas [2]: la electricidad procedente de combustibles fósiles estaba en mínimos históricos en 2018, representando el 83,6 % de la electricidad generada a partir de esta fuente en 2008; en cambio, el grupo de renovables alcanzó casi el 170 % de la producción de 2008. En este contexto, los sistemas eléctricos de todo el mundo están experimentando profundos cambios debido a la creciente penetración de estas fuentes de energía renovable y de recursos energéticos distribuidos que son de naturaleza variable, intermitente y estocástica. En estas condiciones, lograr un equilibrio continuo entre generación y consumo se convierte en un reto y puede poner en peligro la estabilidad del sistema, lo que señala la necesidad de flexibilizar el sistema eléctrico como medida de respuesta a esta tendencia [3].
© 2008-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados